Los pueblos indígenas han incorporado la tecnología a sus tradiciones y prueba de ello es el Proyecto Jirondai, una iniciativa que enlaza los cantos aborígenes de Costa Rica con la música electrónica y la creación de videos.

Jirondai comenzó su andadura como grupo musical en 2005 con el fin de ofrecer una forma diferente de visualizar el mundo indígena costarricense a través de una curiosa mezcla entre sonidos contemporáneos y cantos en las lenguas aborígenes ngäbere y buglé, esta última prácticamente extinta.

La idea, que nació de recopilar algunas canciones de la cultura tradicional aborigen de las comunidades de San Vito, en el Pacífico sur, y Talamanca, en el Caribe sur costarricense, se convirtió pronto en una expresión única que encierra al espectador en una atmósfera mágica y natural propia de los chamanes de antaño.

Para ello, Jirondai se desprende de los tradicionales instrumentos para adueñarse del ratón y los teclados electrónicos en su afán por fundir “lo de mis padres con lo de mis hijos”, explicó Alexis Rodríguez, vocalista y compositor del grupo.

Pero Jirondai no es una experiencia exclusiva para los oídos. Una proyección de imágenes con retazos de la cotidianeidad indígena, de sus creencias, su arte y su respeto a la naturaleza acompaña al espectador en cada canción, para ayudarle a comprender su sentido, aunque no se dominen los dialectos indígenas.

Este grupo multiétnico está integrado por Alexis Rodríguez, el vocalista y compositor; Luis Porras, en producción audiovisual y teclados; Jordan Hughes, en las guitarras; Luis Mora, en las secuencias de sintetizadores; y Larissa Coto, en percusión y coros.

Fue la leyenda de Jirondai, un chamán con dos rostros, uno para mirar al presente y otro para visualizar el futuro al mismo tiempo, lo que dio nombre a este conjunto, que cuenta hoy con más de 180 conciertos a sus espaldas en Costa Rica y Guatemala, y dos discos publicados.

“Jirondai es una especie de terapia que ayuda a la gente a despertar de su ignorancia derribando todo lo que tiene que ver con el orgullo y con el racismo y convirtiéndolo en un mensaje positivo”, describió Rodríguez, indígena ngäbe.

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